Caminamos por las calles del barrio, andamos sin más novedades que nuestros pasos y referencias cercanas sin saber de historias que laten en cada baldosa.
Allá por los albores del siglo XX, afloraban los talleres de carruajes en las otrora afueras de la ciudad, hoy, nuestro barrio. Existían fileteadores en cuanto taller o terminal de colectivos.
La sabiduría era tradición oral, no había referencias bibliográficas, unos pocos maestros transmitían a sus escasos discípulos la manera de hacer, así es que las palabras adquirieron su identificación según la fonética (por ejemplo las letras góticas las llamaron esgóstricas, a las sombras translúcidas las llamaron shapán por su color similar al champagne).
Así una mañana Don Carlos Carboni, gran referente de la Vieja Guardia, tuvo que reemplazar a un colega fallecido en una carrocería de la calle Laguna, al llegar descubrió una madera con agujeros donde estaban dispuestos sendos cucuruchos de goma y Don Carlos tuvo que investigar y probar una y mil veces cuál era su función, para descubrir que era para hacer una imitación. Como decía mi maestro, Don Ricardo Gómez, “uno es fileteador cuando sabe compartir” y Carboni, supo compartirle a Gómez éste y otros secretos.

Don Ricardo, en sus inicios, llegaba temprano a los talleres para robar los dibujos copiando de los carros.
–“¡Róbenme! Si cuando empecé yo robé, por qué ustedes no me van a robar…”- Nos decía en las clases.
Luego un tiempo después llegó a mí una frase, que similar, validaba desde la erudición de haber transitado por Academias a un Pablo Picasso decir “Un buen artista copia, uno excelente, roba”.
Los fileteadores consagrados, en su mayoría, se ocultaban tras grandes telones para no dejar ver el proceso a los nóveles. Ante éste panorama, Ricardo se prometió que cuando sea grande iba a enseñar todo lo que sabía, siendo aún joven.
Pasaban las largas jornadas de trabajo, Ricardo junto a sus maestros, de taller en taller, Ricardo con Carboni, Ricardo con Mario Delpiero. Pasaron por Carrocerías ALA, El Indio, Carasai, entre otras. Luego de manera independiente, pasaron así los años.
Una jornada en la puerta de su taller, Ricardo estaba en el suelo, fileteando los detalles finales de un camión y oyó a unos espectadores decir “cuando éstos viejos se mueran, el filete se va a morir”- Esta apreciación le llegó como una daga en el alma. Como si hubiese visto un espectro, entró a su casa luego del trabajo y Celia, su esposa le preguntó por su actitud y lo incitó a enseñar, pero él todavía incrédulo dijo -“¿y qué puedo enseñar yo?”.
Milagrosamente, sin más, a los cuatro días lo estaban llamando del GCBA para enseñar.
¿Qué podía enseñar él? Cuando partió, un compañero, Alejandro Taverna, dejó de despedida “Don Ricardo fue un maestro, amigo, padre y abuelo”.
Unos días antes de partir, Ricardo nostálgico me dijo –“el fileteador tiene una vida útil, los 85 años”- (los cumplía ésa semana) y le dije que quizá estaba más para enseñar pero me decía -“ya no es lo mismo, hago una línea de un metro y tengo que volver a empezar”– y le dije -“si yo no puedo hacer una línea tan larga…”- Ante su desasosiego lo incité a transmitir.
En ese tiempo me había facilitado para copiar y ver originales de Delpiero de unos 50 años, que eran nombres de empresas de colectivos en letra gótica hechos a lápiz sin enmiendas ¡en 3 metros de largo! y me había obsequiado un par de pinceles del año 1971 que sigo usando. ¡Cuando me preguntan si los pinceles de filetear son caros. les comento éste ejemplo de amortización!
Como un regalo del cielo, en la víspera de su onomástico, el 4 de julio próximo pasado, pasaron por la puerta donde enseño en el centro las hijas de Don Mario, sin saber del lugar ni de mí. Ante tal emoción del conocimiento mío de su padre, me obsequiaron algunas reliquias arqueológicas de su padre, unos pinceles también de unos 50 años, los cuales uso, casi una veintena de espúlveros originales de colectivos, entre ellos de la línea 107 de 1987 (dibujos originales perforados para pasar a la superficie a pintar).
También depositaron su confianza en mí para circular ésos pinceles entre colegas y alumnos. Entablamos una fraterna relación, amparados por las luces del fileteado y tangos de la vieja guardia.


Entre las tantas anécdotas, Don Ricardo nos contaba que en una visita al Museo de Bellas Artes, unas visitantes como él lo observaron contemplar una obra insistiéndole que seguramente era artista plástico a lo cual Ricardo se negó varias veces, ante la insistencia inclaudicable admitió ser fileteador y las señoras dijeron que es lo mismo y Gómez retrucó –“no es lo mismo señora, porque usted agarra a un artista plástico y le pide que filetee un carro y no sabe por dónde empezar, yo sí”. De ésta manera mantuvo un perfil bajo, se diferenció y a su vez se hizo valer.
-“Si el tango es un sentimiento triste que se baila, el fileteado es un pensamiento alegre que se pinta”.
-“Sos fileteador cuando olés el perfume de la flor, oís el relincho del caballo, conversás con la Virgen que estás pintando y eso es porque te metés en la obra”.
-“Solamente se puede filetear escuchando tangos de la vieja guardia”.
-“Soy un obrero del pincel”. Son algunas de las frases que nos decía.
Mi método de enseñanza está basado en las formas y dibujos de Ricardo, quien me los facilitó para su uso; es el ABC para aprender a hablar en fileteado.
“El camino de la expresión no es para mi vanidad, sino para mi sacrificio”, como esboza Yupanqui.
Don Ricardo fue el primer impulsor de la mujer en el oficio y decía que la mujer tiene mejor gusto y es más prolija.
Me han entrevistado en grandes medios de comunicación, he expuesto en el Museo Terry, Tilcara, Jujuy, Centro Cultural Gral. San Martín y muchísimos lugares más además de haber dictado seminarios en múltiples lugares que conseguí a fuerza de convicción entre ellos en Rosario (Santa Fe), Lobos (Buenos Aires), Humahuaca y Abra Pampa (Jujuy).
Tengo desarrolladas una serie de obras que denominé La Otra Voz donde rescato la voz de los oprimidos una de éstas obras está en el Museo de Las Lomitas en Formosa.
Sin adentrar en otras prácticas artísticas como fotografía y ensayos.
La expresión artística debe servir antes que nada a curar el interior de uno, sacar dolores y dejarlos fluir como lluvia que se descarga en torrente desde una nube negra.
Comencé fileteando llaveros y pequeños objetos, luego vidrieras y otros objetos hasta llegar a los vehículos, actualmente la mayor parte de mi trabajo está conformada por vehículos, como leyendo un sueño de niño.
La gran frase motivacional de Ricardo era –“trabajo hay, si no tenés, no te va a venir a buscar a tu casa, tenés que salir a buscarlo”. Y de ésta manera llamé a todas las líneas de colectivos de la Ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires y me fui a cada una de las que me pedían que vaya, aunque volviese solamente con cansancio pero con la satisfacción de haber ido y saber que faltaba menos para llegar.
Siempre incito a mis alumnos a animarse ya que muchas veces creen erróneamente que es difícil la realización pero es un oficio sistemático, no es para cualquiera, pero todos los alumnos llegan a resultados sorprendentes, se puede corregir y borrar.
Lo interesante es saber ver que hay trabajo porque cada uno tiene su idiosincrasia, sus gustos y su cultura, lo que nos hace únicos en el camino del fileteado y de la expresión. Y si fileteamos lo mismo cada uno lo hará a su manera, diferente, como una firma.
Anímense a la expresión artística, verán que el tiempo no pasa, como decía Ricardo, -“cuando uno filetea no tiene ni hambre, ni frío ni sueño porque uno está en el mundo del filete”.
Autor de la Nota: Marcelo Javier Bronstein (Maestro Fileteador)
Más info en: https://www.instagram.com/marcelobronsteinunahuella/





