La Audiencia Pública por el proyecto «El Rocca para All Boys» dejó un mensaje contundente. Más de mil ciudadanos participaron de una instancia de debate que, lejos de pasar desapercibida, movilizó al barrio y a gran parte de la comunidad de la Comuna 10. Y el resultado fue categórico: aproximadamente el 95 por ciento de los expositores manifestó su apoyo a la iniciativa.
No se trata de un dato menor. En tiempos en que se suele cuestionar el compromiso ciudadano, cientos de vecinos dedicaron horas a estudiar el proyecto, inscribirse, participar y expresar su opinión. Ese involucramiento constituye una de las mejores expresiones de la democracia.
La audiencia también dejó al descubierto otra realidad. Muchas de las exposiciones contrarias evidenciaron un desconocimiento notable del contenido del proyecto. Se habló de destrucción patrimonial donde existe preservación; de desaparición de espacios verdes donde se plantea su recuperación y puesta en valor; de intereses ocultos donde existe un expediente público que lleva años de elaboración y debate.

Quienes sí leyeron la propuesta saben que estamos frente a un trabajo de enorme calidad técnica. El mismo fue plasmado luego de muchísimos aportes por los arquitectos Ana María Mayor y Gabriel De Bella, especialistas en patrimonio, cuyo aporte fue fundamental para la creación del Área de Protección Histórica de Floresta. Esa experiencia se refleja en cada aspecto del proyecto. En el respeto por el valor arquitectónico existente, en la integración de los espacios verdes, en la recuperación del patrimonio edilicio y en la visión de conjunto que combina memoria, identidad y futuro.
Por eso recomendamos a nuestros lectores ingresar a nuestra web www.florestaysumundo.com.ar, buscar «El Rocca para All Boys» y analizar el proyecto por sí mismos. Allí podrán apreciar la potencia de un diseño de altísimo nivel que significará un aporte extraordinario para el barrio en los planos social, cultural, educativo y comunitario.
Entre las exposiciones contrarias al proyecto llamó la atención la intervención de una representante vinculada al Consejo del Menor y la Familia del Gobierno de la Ciudad, quien afirmó que el predio es utilizado para almacenar elementos destinados a la asistencia social. La afirmación sorprendió a muchos participantes porque no se corresponde con los usos habituales del lugar, conocido principalmente por funcionar como locación para filmaciones y producciones audiovisuales con fines recaudatorios para el organismo.

Más allá de esa inexactitud, la exposición pareció reflejar una mirada distante de la realidad barrial y de las oportunidades sociales, culturales y educativas que plantea el proyecto para recuperar un espacio histórico hoy subutilizado.
Ahora será nuevamente el turno de la Legislatura. Cumplida la audiencia pública, corresponde avanzar hacia la segunda lectura de la ley para completar el procedimiento previsto por la normativa vigente. Es de esperar que ese paso se produzca dentro de los plazos establecidos y que los legisladores sepan escuchar el contundente mensaje expresado por la ciudadanía.
Pero el debate sobre el Rocca trasciende largamente el destino de un predio.
En los últimos años hemos asistido a la consolidación de discursos que buscan dividir a la sociedad entre supuesta «gente de bien» y quienes no merecerían integrar esa categoría. Es la misma idea que aparece expresada mediante términos despectivos como «marrones», utilizados para señalar origen social, aspecto físico o pertenencia cultural. Detrás de esas expresiones existe una concepción peligrosa: la idea de que hay ciudadanos más valiosos que otros.
Los barrios populares, los clubes, las bibliotecas, los centros culturales, las cooperadoras escolares y las organizaciones vecinales representan exactamente lo contrario. Son espacios donde conviven personas diferentes que construyen objetivos comunes. Son ámbitos donde la solidaridad pesa más que la condición económica y donde el compromiso vale más que cualquier etiqueta.
No es casual que muchas veces esos espacios comunitarios sean observados con desconfianza por quienes conciben a la sociedad únicamente como una suma de individuos aislados.

La historia demuestra que cuando se debilitan los lazos comunitarios también se debilita la participación ciudadana. Y cuando disminuye la participación, las decisiones quedan concentradas en cada vez menos manos.
Por eso la defensa de instituciones como los clubes de barrio, las organizaciones sociales y los mecanismos de participación pública no constituye una cuestión secundaria. Forma parte de la defensa misma de una democracia activa, donde los vecinos no son simples espectadores sino protagonistas de las decisiones que afectan su vida cotidiana.
La Constitución de la Ciudad estableció hace casi tres décadas un modelo basado en la democracia participativa. Las audiencias públicas no son un trámite burocrático: son una conquista ciudadana. Son una herramienta que permite que la voz de los vecinos llegue a los ámbitos donde se toman las decisiones. Defender esos espacios es defender una de las mejores tradiciones democráticas de Buenos Aires. La audiencia por #ElRoccaparaAllBoys demostró que esa tradición sigue viva.
Más de mil personas participaron. La inmensa mayoría acompañó el proyecto. Y lo hizo porque entendió que no se estaba discutiendo solamente el destino de un terreno. Se estaba discutiendo qué tipo de barrio queremos dejarles a las próximas generaciones.
Y en esa discusión, la comunidad organizada volvió a hacerse escuchar.
Más información en:




