Considerado el escultor argentino más importante del siglo XX, sus obras se exhibieron en París y recibió numerosos premios internacionales. Dejó como legado monumentos por todo Buenos Aires, muchos inspirados en próceres de la historia nacional (1879-1950).
Durante tres meses tuve la oportunidad de participar en una muestra colectiva en el Museo Casa de Yrurtia, con una de mis esculturas en los jardines de esa magnífica casa, propiedad refaccionada y donada por el escultor a la ciudad de Buenos Aires. Y esto habla de su generosidad y de su visión del arte como patrimonio de la comunidad; el museo de calle O´Higgins y Blanco Encalada alberga piezas de inmenso valor artístico y patrimonial.
Junto a su segunda esposa, la pintora Lía Correa Morales, llevaron adelante el proyecto de la Casa Museo Yrurtia, que abrió sus puertas en 1949. Allí, puede visitarse el legado artístico del escultor y también la grandiosa obra de Lía Correa Morales. Ambos donaron al Estado Nacional su casa con el mobiliario y obras de arte.
Situado entre finales del siglo XIX y principios del XX, Rogelio Yrurtia desarrolló su trabajo por encargue de los gobiernos liberales de turno, con todas las características de modelo de país europeizante que éstos propusieron. Provenía de una clase acomodada, inmigrantes de Galicia. En esa época, sólo los que podían, se dedicaban al arte y esto fue, durante muchos años en Argentina, lo natural y aceptado.
Todas sus obras fueron creadas por encargo: a partir de concursos que tenían como premio llevar adelante la ejecución de la obra o por pedidos puntuales, de organismos o particulares, como es el caso de “El Canto al Trabajo”, que lo pidió la Ciudad.

Yrurtia fue un artista que se caracterizó por la escultura monumental. Hizo muchos de los monumentos que hoy vemos en la ciudad de Buenos Aires: El Canto al Trabajo, en Paseo Colón e Independencia; el Mausoleo de Bernardino Rivadavia, en la Plaza Miserere; el monumento al Coronel Manuel Dorrego, en las calles Suipacha y Viamonte.
Yrurtia hacía las obras de gran formato en Europa y luego las traía al país en barco. Los plazos se alargaban mucho porque él tenía que viajar a Europa, conseguir los talleres, trabajar y fundir allá, para luego traer la obra al país. Trabajaba con el fundidor Alexis Rudier, que es el mismo que trabajaba con Rodín.
Si bien el artista continuó la tradición escultórica inaugurada por la Generación del 80, introdujo ideas y propuestas estéticas renovadoras, en el auge cultural de principios del siglo veinte. Representante de la tradición escultórica academicista en nuestro país, entre 1921 y 1923, sus obras son un modelo de economía extrema de recursos que parten de una concepción clásica de la figura humana.
De tanto observar y disfrutar de las obras del museo, y a pesar de haberlas visto anteriormente, había algo tan inquietante como atractivo en las obras de Yrurtia, unas maneras muy particulares de representar, un tratamiento dinámico de las estructuras, cierta inestabilidad del equilibrio compositivo. Para la representación de ideas abstractas como la belleza o el amor, se alejaba de lo clásico y proponía versiones nuevas.
Ciertos recursos plásticos, o sea soluciones determinantes en las figuras principales , como por ejemplo presentar al prócer sin casco, como una forma de recibir energía del Universo y la mano derecha con la palma hacia abajo en actitud de entregar esa energía al pueblo. Esto se da en su Monumento a Dorrego y lo llevó a cabo otro excelso escultor de la época, Antoine Bourdelle, un francés al que se le encomendó el monumento a Alvear, situado en Recoleta, frente al Palais de Glace -quien frecuente Plaza Francia podrá verlo-. Ambos escultores hacen un rupturismo solapado, velado tras metáforas, símbolos muy poderosos que ellos instalan en la obra de arte con total convicción y belleza.



Es entonces que descubro que Yrurtia era masón. Se ordenó en la masonería en 1926, en la Logia Número 26, Juan Martín de Pueyrredón. Los rumores dicen, no hay nada escrito, que gran parte de sus encargos fueron apoyados por la masonería.
Y puedo seguir enumerando elementos, que para quien tiene el ojo entrenado, resultan inequívocos.
Por ejemplo en su obra Justicia, que Yrurtia la concibe de pie, pero móvil, en una situación de avanzar, no estática. Con los brazos extendidos y las manos con las palmas hacia abajo en señal de protección al pueblo. Con los ojos abiertos porque la justicia debe ver la verdad y decide que a la justicia hay que protegerla, por eso le coloca un casco. En el frente del casco están los atributos clásicos de la justicia: los dos platos de la balanza y el centro de la balanza es una espada. Además del atributo de protección que le da el casco, Yrurtia cree que la justicia debe ser libre, por eso no le puso un casco clásico sino una especie de gorro frigio para representar la libertad. Fue una mirada particular que tuvo.
La obra fue encargada por su gran amigo Carlos Delcasse, que era una personalidad porteña destacada: fue diputado nacional, intendente de Belgrano y dueño de la conocida Casa del Ángel, epicentro de la vida deportiva y política del barrio.
Tres décadas habían pasado y como Yrurtia no había podido concretar la fundición, Delcasse decidió encargarla para decorar el mausoleo familiar. Una copia de la obra se halla en el Palacio de Tribunales.
En este caso el uso del gorro frigio, también es un elemento que aparece en cuadros de Delacroix, cuando representa la revolución francesa, con una mujer-patria que va a la cabeza de la manifestación de los trabajadores de 1789 en reclamo por condiciones dignas de trabajo, clamando justicia ante el hambre del pueblo. Esa mujer va con su torso desnudo, sus pechos nos hablan del carácter nutricio de la patria y además lleva un infaltable gorro frigio. El mismo que lleva nuestro escudo nacional, el mismo que aparece en los murales de los pintores mexicanos, Rivera y Siqueiros. La filosofía de los pensadores del iluminismo francés es la que nutrió a nuestros héroes en la construcción de nuestro país, para que dejara de ser colonia.



La obra -maqueta -en mármol para el Monumento a la gesta de Mayo, realizada por Yrurtia para el primer centenario de la Argentina también tiene una mujer a la cabeza de la marcha o gesta dolorosa que un pueblo danzante, de características muy teatrales, dramáticas, de superlativa realización. Ella lleva con creces un escudo argentino, que parece salido de su pecho, de su corazón, como parte fundamental de su cuerpo desnudo y que defiende con su propia vida. Van acompañando unos caballos dolientes pero conscientes de la gesta humana arrastrando la pesadez del acto escénico. Al fin y al cabo la escultura grupal, soberbio conjunto escultórico, también es teatro, por la oportunidad que le da al espectador de identificarse y hacer catarsis con el tema.
Y seguramente, como me pasa siempre, el legado de los grandes artistas se me hace vigente y me hace reflexionar sobre la necesidad de defender hoy, con uñas y dientes, con todo el cuerpo ese escudo nacional con gorro frigio que nuestros más queridos próceres forjaron para nosotros.
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Muy recomendable, visitar la Casa Museo de Yrurtia. O higgins 2390. CABA.
Miércoles a viernes de 10 a 18 hs. / Sábados y domingos de 11 a 19 hs. / Lunes y martes cerrado




