Hasta siempre Carlos Alonso, el verdadero artista  argentino

por | Oct 5, 2026

Un artista que atravesó dos siglos cambiantes y convulsionados, y supo interpretar con el lenguaje del dibujo la historia de nuestro país.

Hace unos pocos días, el 21 de septiembre falleció Carlos Alonso, nuestro artista argentino, el emblemático dibujante y pintor que, a los 97 años, nos deja para florecer en otra dimensión del universo.

La primavera amaneció fría este 2026, todo un mensaje cuando se anunció su muerte. Los colores de su paleta entristecieron a la espera de los pinceles que Carlos Alonso con sus expresivas manos sabía hacer danzar. Aún para representar los hechos más dramáticos que atravesamos los argentinos, él ponía su compromiso y su entrega sin dejar de lado esa capacidad de juego que es necesaria en el arte y que él nunca perdió.

Muy por el contrario, desde su taller en Unquillo, Córdoba, cada día le entregó a su obra su alegría de crear, porque lo que durante años fue disciplina de trabajo, en los últimos tiempos, se había convertido en juego, meditación, trabajo de sabio, que habiendo acumulado experiencia y oficio, se brinda al soporte seguro del lenguaje que fue cimentando, dejándolo correr como un agua clara y cristalina.

Carlos Alonso atravesó dos siglos cambiantes y convulsionados, y supo interpretar con el lenguaje del dibujo la historia de nuestro país, testimoniando los sucesos más aberrantes que los enemigos del pueblo han ejecutado, en 200 años hasta ahora. 

Alonso lo dibujó todo. A nuestros antepasados, indios, negros y gauchos, sus derroteros en la difícil construcción del país y la memoria de sus luchas, que son postas aún a tomar para salvar la dignidad, la justicia y la identidad siempre en disputa.

Alonso dibujó el campo, la vida de sus gentes, las luchas entre unitarios y federales, la espantosa vida en los fortines.

Denunció con maestría y expresividad el horror de la dictadura de los setenta, tomando como objeto de narración la media res, metáfora de la carnicería humana, del hombre contra el hombre, así como ya lo había hecho Rembrandt o los pintores españoles en la guerra civil y en lucha contra el franquismo. Es que un Alonso no se hace solo con su hacer. Como todo gran artista de nutre de la historia del arte, de la imagen que otros dejan para seguir desarrollándola y recreándola. Y de esta manera la actualiza y le imprime sello original.

Carlos Alonso dibuja el hambre de los niños de Santiago del Estero, porque lo ha visto con sus propios ojos cuando fue a estudiar a Tucumán en 1951 con Lino Enea Spilimbergo, su maestro determinante. Y conmovido por esa imagen del hambre de los niños que hacen cola para recibir un plato de comida, es que también llega a las malas condiciones laborales de los trabajadores, dolientes padres y madres de esos mismos niños.

Alonso admira todo el arte del mundo, de todas las épocas y por eso desarrolló tantos temas humanos basándose en obras de literatura como lo hizo con la Divina Comedia. Carlos Alonso en el infierno.

Y es así que siempre encontró al ser humano, con sus pesares, sus densidades y flaquezas en ese infierno que a veces es la vida y que supo dar canal con su obra. 

Y aun así, su mirada profunda y aguda da como resultado una obra que es un canto de amor por ese ser humano que sufre, y que aún desde el dolor, ama y espera justicia, reconocimiento, ternura…

Gracias Carlos Alonso por dejarnos tu legado preciado en el que podemos vernos como en un espejo y reconocernos para no perder identidad y poder seguir siendo -mal que le pese a los oscuros de siempre- argentinos.

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