De las artes visuales, la escultura es la que más necesita un espacio especial para poder ser disfrutada. Se dice que la escultura es una experiencia, porque para captarla necesitamos un espacio y un tiempo determinados; primero el espacio personal, de observación, de plantarse frente a una obra y empezar a recorrerla: con la vista, con el tacto y de ahí a la emoción hay un paso que puede durar segundos o quedar plasmado en la eternidad.
Hay un objeto comunicante -la obra matérica- expresando desde su cualidad tangible, pero también debe existir una disponibilidad. Entonces… ¿Dónde se produce la obra de arte? ¿En el momento de la captación? ¿En el después de la experiencia? ¿O acaso ya estaba desde antes en nuestro cuerpo esperando ser descubierta al momento del encuentro?
Y entonces reflexiono y me pregunto: ¿Dónde se puede encontrar esa maravillosa posibilidad de acercamiento y de conocimiento tan profundo?
La escultura es un arte que aún espera, que necesita de un espacio físico para desarrollarse, por ser una forma multidimensional. Forma, espacio y tiempo en un desarrollo de la materia para reeditar el origen de la creación que le dio vida. La escultura es lo más parecido a una roca o una montaña o un gran árbol impulsados hacia el cielo. El espíritu universal haciéndose materia en obra de arte.


Por eso hoy presento a una escultora: Alicia Penalba, una mujer que supo captar la energía universal del paisaje que se brinda majestuosamente ante la presencia humana y nos deja atónitos de placer, estupefactos frente a la belleza.
Lo que viene es su biografía, en la podremos entrever todo un mundo, un desarrollo de creación impresionante. Pude ver su obra en la muestra que se realizó en el Malba años atrás y fue una experiencia que aún perdura en mí.
Alicia Penalba nace en 1913 en San Pedro, Provincia de Buenos Aires (Argentina). Acompaña a su padre que construye ferrocarriles, en sus viajes por América latina y conoce, de niña, las selvas tropicales y los desiertos. Estudia dibujo y pintura en la Escuela de Bellas Artes de Buenos Aires.
Se instala en París en 1948 y abandona la pintura para dedicarse enteramente a la escultura; trabaja durante tres años en el taller de Ossip Zadkine en la Grande Chaumière. A partir de 1952, Alicia Penalba enseña su trabajo en numerosas manifestaciones colectivas y salones parisinos (Salones de la Joven Escultura, Salones de las Realidades Nuevas, Exposición Internacional del Museo Rodin, varias bienales).
A partir de 1952 la artista ya dominaba las constantes que caracterizan su estilo, trabajando la verticalidad del tótem con referencia a formas animales y vegetales que captan la esencia del erotismo de la naturaleza. Concibió diferentes series de obra: verticales o totémicas, por elementos separados, caracolas, aladas, dobles y formas voladoras. Con estas tipologías experimentó en múltiples repeticiones, ritmos, variaciones y cambios de escala; buscó contrastes entre texturas, brillos y opacidades, lo rústico y lo refinado. También alternó con la materia pesada de la arcilla fundida en bronce o en cemento -que desmaterializó mediante el uso de las resinas poliéster y de las transparencias del vidrio Securit-, y jugó con el resplandor del dorado pulido, el acero inoxidable y la alpaca. Al transcurrir los años su obra confirmará esta tendencia pero se complementará con esculturas concebidas para una integración arquitectónica.
A lo largo de su carrera el trabajo de Alicia Penalba se expondrá en Francia y en el extranjero (Museo de Arte Moderno de Paris, Río de Janeiro, Eindhoven, Leverkusen).
En 1961 le galardonan con el gran premio de la escultura de la Bienal de Sao Paulo.


Alicia Penalba recibe numerosos encargos importantes públicos o privados y su obra hace parte de las colecciones de grandes museos internacionales, en particular del Museo de Kröller-Müller d’Otterlo (Países Bajos) al lado de las obras de los grandes escultores del siglo XX.
Como escultora, seguiré diciendo que hacen falta más esculturas en el espacio público, más espacios disponibles en la urbe que crece con apuro y sin tiempo. Y que cada uno de nosotros tenga la posibilidad de vivenciar su propia experiencia, inédita frente a una escultura.
Por eso me quedo con estas grandes palabras: ««Ella labra la piedra o la plata, el oro o la madera pero siempre desprendiéndolos del magma original » Pablo Neruda.»
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Para ver las obras de la escultora argentina Alicia Peñalba en Argentina, pueden visitar el Museo Nacional de Bellas Artes (Av. del Libertador 1473, Buenos Aires), que resguarda piezas destacadas de la artista, como su famosa escultura Météore. Además, su obra monumental y de diversas series suele estar presente de forma temporal o permanente en galerías especializadas de Buenos Aires, como la Galería Del Infinito y PALATINA Galería de Arte.




