Adrián Pandolfo es un artista del grabado, un maestro en todo sentido, porque además de su prolífica producción plástica, también enseña y transmite lo que sabe en distintos ámbitos estatales y comunitarios de Chubut.
Nació en 1964 en la ciudad de Buenos Aires. Actualmente vive y trabaja en Playa Unión, Provincia de Chubut. Allí coordina el taller de Gráfica Sur, donde realiza la práctica en distintas técnicas de grabado con niños, jóvenes y adultos.
Su última y reciente muestra en el Museo Quinquela Martín es un homenaje al arte y una puesta en escena del paisaje patagónico desde una esencia que va más allá de lo visible.
Para quienes reconocemos una pertenencia a la ancestralidad originaria, podemos percibir a través de su mirada aguda y sensible, la posibilidad de abrazar una realidad que aún late en ese paisaje que tanto nos cuesta defender como “lo nuestro”.
El tiempo se detiene, o mejor dicho la dimensión tiempo adquiere una vigencia, una posibilidad de reeditar aquel tiempo de los pobladores mapuches, tehuelches, selknam, onas, cuando todo lo impregnaban con su cultura, sus rituales y costumbres.

Sus paisajes son composiciones en las que los elementos se manifiestan como íconos: plumas, lanzas, banderas, y el viento mismo es un personaje, tomando prestadas las hojas, las plumas, los árboles, todo moviéndose al son de la memoria.
Sin olvidar que Adrián Pandolfo es un grabador de excelencia, impacta por esto, aún más, descubrir que toda su obra es producto de un dibujo dúctil y detallado, que es el reflejo de un profundo y constante trabajo diario, no solo en su taller, sino de horas de estudio al aire libre, enfrentándose con su amado paisaje sureño, como queriendo cada día desentrañar la trama de ese misterio que lo envuelve.
Esas obras provienen de ese dedicado trabajo de dibujo, que pasa a la talla del soporte en madera, con la misma facilidad con que el viento peina las copas de los árboles, de esa estepa plana y abigarrada de la Patagonia. En sus manos, las gubias filosas y certeras, van dejando la impronta sentipensada para la gráfica futura: la xilografía como resultado final.
Valvas, ostras, el recuerdo de un mar tan presente como olvidado, y flechas que señalan, van y Vienen, guían el recorrido de la mirada para armar la composición de modo tal que, a pesar del movimiento, signado por el viento, no se nos escape nada de lo importante y podamos hacer propios cada uno de los íconos que definen su estilo.
Seguramente podamos reconocernos en ellos, ya que son parte de nuestro ser argentino, evidenciando que “el Sur también existe” ¡Y cómo! A tal punto de que hoy es cuando está en disputa y en peligro de ser entregado a potencias extranjeras, situación que cada día se agrava más con el incendio de los bosques perpetrado desde el poder.






Todo eso y más, condensa la obra de Adrián, quien nos muestra con amor, devoción, juego y belleza un territorio como tallado desde el alma.
La muestra, titulada “Sitios donde vivir apenas unos instantes”, amorosamente alojada en salas del Museo Quinquela Martín, es un reconocimiento a su obra, a su trayectoria como artista y como docente.
En esa muestra dan ganas de quedarse un tiempo más en esos sitios, de experimentar “de nuevo” esos rituales, ese pensamiento mágico y lúdico, ese estar siendo ahí, en paz, sin que te saquen o te borren del mapa los enemigos de siempre.
Una cadencia meditativa nos propone aquietar el pensamiento y volcar las emociones allí, en el espacio autocontenido de la obra.
La luz del sol presente en las obras, son un factor más del universo plástico de Adrián, una luz propia hace evidentes las formas y las modela, como si fueran esculturas de paja, amalgamadas por el viento. También las nubes, los nidos y los huevos de ñandú, configuran su mundo, formas que celebran el paisaje y condensan un secreto mensaje.
Un mensaje que Adrián configura como un código de la memoria ancestral sureña.
Un mensaje visual, una alerta expresiva y potente, de un artista que clama por la persistencia de la memoria para valorar aún más nuestro patrimonio nacional.




