¿Qué es la Aporofobia?

por | Dic 14, 2024

El término “APOROFOBIA” resulta importante no sólo por su sentido, sino para mostrar la trascendencia que tienen las ciencias “blandas” (aquellas que se ocupan del ser humano) en el conocimiento.

Recientemente el estudio de las ciencias humanas ha dado a luz una serie de conceptos que terminan en el vocablo “fobia” que no necesariamente coinciden con ese objeto del psicoanálisis, porque tienen más que ver con ciertas regularidades del comportamiento humano colectivo antes que individual. Así conocemos la transfobia, homofobia, gordofobia, islamofobia etc. que designan el rechazo a personas trans, homosexuales, excedidos de peso, de religión islámica, etc.

En la familia de esas categorizaciones apareció recientemente el término “APOROFOBIA” que resulta importante no sólo por su sentido, sino para mostrar la trascendencia que tienen las ciencias “blandas” (aquellas que se ocupan del ser humano) en el conocimiento, que siempre se consideran de menor rango que las “duras” (que son la que atienden los avances tecnológicos). Mayormente se pone como ejemplo de esa supremacía los recientes avances de la informática y las comunicaciones, pero se olvidan de la enorme cantidad de progresos en materia de psicología, sociología, antropología, psicología social, etc. que impactan en la administración, la salud, la educación, el trabajo, el marketing, etc. Sin ir mas lejos, todo el cambio social en defensa de la igualdad de la mujer y la condena al machismo, no se debe precisamente a los avances tecnológicos, sino una nueva manera de entender la sociedad en que vivimos.

El término “APOROFOBIA” fue “descubierto” por una destacada académica española – Adela Cortina – en 1995, y publicado en el suplemento periodístico ABC Cultural, donde analizaba la problemática social que existe en el Mediterráneo, respecto de los balseros africanos, que cruzan el mar en embarcaciones precarias muy pobres. Respecto del rechazo social que producía a los españoles el arribo ilegal de esas personas, los medios académicos y periodísticos por mucho tiempo lo calificaron como “xenofobia”, es decir el rechazo al extranjero. Numerosas publicaciones acusaban a la sociedad española de ser una sociedad xenófoba, pero Cortina en aquella nota los contradijo, explicando que no era así, porque cuando los extranjeros llegaban a España como turistas, con dólares en los bolsillos, que gastaban en la península, eran bien recibidos por toda la sociedad. Señaló que el problema era que vinieran desesperados, enfermos, hambreados y sin dinero, con lo cual el problema no era ser extranjero, sino no tener dinero. Un razonamiento que hasta ese momento nadie había tenido.

Así acuñó un nuevo término en reemplazo de la xenofobia: “aporofobia” el odio al pobre, al desdichado, al sin recursos, al desahuciado. El término se forma con la raíz griega “ἄπορος” (áporos) es decir carente de recursos. Los áporos eran los menesterosos que pedían limosna en las puertas de la ciudades griegas o en las cercanías del templo en la época clásica.

Entre los lingüistas se generó alguna polémica porque en puridad de criterio el áporos no sería únicamente el pobre, el que carece de recursos económicos, el que vive en la calle, sino al desdichado, al que cayó en la ruina o en desgracia y por determinadas circunstancias baja al escalón más bajo de la consideración social y de allí no puede salir.
En nuestra sociedad respecto de los pobres o los discapacitados, por ejemplo, se dice que son “discriminados” por su condición. Y de igual manera que Adela Cortina nos preguntamos si el rechazo a estos grupos es discriminación y no aporofobia. Si pensamos que la voz “discriminar” viene del término latino “criba” que designaba al tamiz con el que se seleccionaban los granos de trigo por su tamaño para preparar harina. Para usar esa “criba social” con los seres humanos debemos siempre tener dos tipos de personas, ricas y pobres, y elegir a una de ellas. Si en la entrada de un boliche dejan pasar a gente blanca, pero impiden el paso a una persona negra si podemos hablar de discriminación, pero atacar a una mujer en un campo de golf porque se sentó a tomar mate -porque es una conducta de pobres- en un lugar que se siente exclusivo es, a nuestro entender, aporofobia. (Noticia de La Nación del 23 de noviembre de 2024 reproducida en otros periódicos).

Cuando un automovilista sin ninguna dolencia estaciona su auto en un lugar exclusivo para personas con sillas de ruedas ¿practica la discriminación o la aporofobia?
Ahora pensemos en los pobres que habitan nuestro pedazo de Buenos Aires ¿son el resultado de una discriminación o de nuestra disimulada aporofobia social que idolatra a quienes muestran éxito, la belleza y fortuna? Es que para que haya discriminación primero debe de existir aporofobia, es decir rechazo hacia la persona por sus características, que se consideran negativas. Cuando en nuestro barrio los pobres son rechazados de los lugares públicos como restaurantes, confiterías, bares, galerías, -donde generalmente la seguridad les impide el paso- en realidad ¿se los discrimina o se los odia encerrándolos en los únicos lugares donde se los deja estar como las villas, las plazas, debajo de las autopistas o durmiendo en los cajeros automáticos?

Obviamente no esperamos una respuesta a estas preguntas, porque cada lector sin duda tendrá la suya, pero las presentamos a manera de ejemplo de cómo un concepto nuevo, nacido de las ciencias sociales, puede cambiar no sólo nuestra percepción de lo cotidiano, sino incluso la forma de encarar proyectos, planes sociales, y toda la labor social que se desarrolla en nuestra querida Ciudad de Buenos Aires.

(Nota extraída del libro de Prado, Marcelo “El Odio a los Pobres. Apuntes sobre aporofobia, encierro social y renta básica universal” Punto Aparte Ediciones Independientes, Buenos Aires 2021).

Marcelo Prado

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