Atraídos por una imaginativa y popular campaña en redes, entrevistamos a quienes sostienen contra viento y marea, la Fábrica de Calzados “Paradigma”, en Ameghino 1825, la parte sur del Barrio Parque Avellaneda. Sus historias de lucha y resistencia para seguir fabricando en Argentina, es digna de ser relatada.
Sostener una fábrica en la montaña rusa Argentina
Nos cuenta el “Pela”: Me fundí muchas veces. En el 2023 a dos semanas de cerrar la fábrica, se me ocurrió hacer un video para las redes. Quería comunicar, de alguna manera, un cambio de paradigma. Que la gente tomara conciencia que podía comprar un par de zapatillas a un precio popular y que eso no significaba que podía durar menos que las otras de primeras marcas reconocidas en el mercado. Desde esa impronta, nació el nombre Paradigma Shoes.
En aquel momento la mayoría de las fábricas y empresas convocaban a un modelo con determinados rasgos físicos, lo vestían con el calzado sobre una montaña con nieve y le sacaban una foto. Nosotros teníamos solo un cartonero, con el carro y nuestras zapatillas. Pensábamos que si él andaba caminando todo el día y las zapas no se le despegaban, iban a ser buenas, y así empezamos.
Somos el marketing anti marketing, y hoy tenemos 500.000 seguidores en Instagram sin pagar publicidad. Creo que la gente siente empatía al ver que mostramos la realidad. Hacemos calzado para el laburante y a un precio para su bolsillo, eso sensibiliza. Además, el fenómeno de la puerta abierta atrae mucho. Las últimas semanas de cada mes, hacemos la “Feria del cuero”, donde mostramos, cómo este material tan noble, se convierte en zapatilla.
Contexto económico
Los almacenes de suela, donde se venden los insumos para fabricar, están vacíos y muchos cerraron. El rubro en general está muerto hace años, aunque tenemos que ser sinceros: Paradigma Shoes está en un gran momento… siempre con mucha prudencia. Somos todos laburantes. Mi socio y yo, tenemos un sueldo que no es una locura, y si sobra algo de ganancia, lo invertimos en materia prima para seguir fabricando. Vivimos en este formato que siempre fue nuestro sueño, porque trabajar para otras marcas es muy difícil en un contexto con una inflación galopante. La ventaja que tenemos respecto de otros, es el tamaño de la empresa que es relativamente chica; y que en argentina tenemos todo para producir calzado. Elegimos vender directamente al público y no a las marcas. Fabricamos para la gente, sin intermediarios en absoluto.





Un linaje de Zapateros
Mi bisabuelo era zapatero –cuenta Julián- y mi abuelo fue el único varón entre cinco mujeres. No pudo terminar la escuela primaria y a los ocho años ya estaba trabajando con los zapatos, en Sant’Onofrio, Calabria (Italia). Tenía una vocación: iba a hacer humor a los bares en sus ratos libres, además de ser zapatero, era actor.
-Yo creo que mi hermano heredó también ese costado del abuelo -agrega Ornella, hermana del Julián (el Pela), actriz, psicóloga y encargada de la contabilidad de Paradigma.
A los 20 años quiso poner su propia fábrica de calzados en Italia y no pudo por la complejidad de la época, entonces decidió viajar a Argentina en 1956 y se instaló en Lugano, en una casa chorizo, bien “a lo tano”, y ahí empezó, siempre desde la humildad. Mi abuelo era muy egocéntrico, decía que mientras él podía hacer 30 millones de zapatos, nosotros hacíamos solo dos, claro, antes todo era más laborioso. Él vivió la segunda guerra mundial y tenía que hacer los zapatos para los nazis, era rapidísimo, imagínate que se moría de miedo. Tenía diez personas trabajando y hacía un cuarenta por ciento más que nosotros ahora. Era otra época y había otro carácter.
Mi papá también ayuda con la fábrica, prepara los pedidos. Aunque él tiene su restaurant acá en la esquina “Lo de Yiyo”. Va y viene. Mi mamá también es parte de todo esto, colaboramos entre todos. Recuerdo que, de chico, cuando estaba en la secundaria, durante las vacaciones venía para la fábrica y me pagaban un sueldo. Así arranqué, nunca trabajé de otra cosa, más que con los zapatos.
En el 2013, empecé la facultad y me recibí de politólogo, desde los 12 años quise estudiar esa carrera, pero nunca la ejercí. También soy profesor de inglés, -recuerda Julián- Siento que lo que más me quedó de aquellos años universitarios es el tema de la comunicación, lo tengo como algo intrínseco, tengo claro “qué comunicar”.
Cuando hay otras marcas que seguramente tienen productos mejores que el nuestro, pero no llegan a ser conocidas, me doy cuenta que la comunicación es una herramienta fundamental para el crecimiento. El primer video que hicimos para Tik Tok se viralizó con 2 millones de vistas, y lo hicimos en un momento de desesperación cuando ya estábamos a punto de cerrar. La autenticidad, ser y mostrar lo que realmente uno es, convoca.
Yo soy un pibe de la fábrica, un laburante. Estoy todo el día metido acá haciendo pares- no me interesa irme a Europa. Eso la gente lo ve, por eso cuando vienen a comprar y ven cómo se fabrican las zapatillas, que están cosidas y pegadas, eso les encanta. Acá entran como clientes, se van como amigos y son quienes difunden nuestros productos porque comprueban que son buenos, que duran en el tiempo.
Procesos de fabricación
El cuero es un material muy noble -añade Mariano Notarantonio, modelista de Paradigma Shoes y socio de Julián-. El sintético es la peor basura que hay porque contamina, es derivado del petróleo y no se degrada, en cambio el cuero, contamina mucho menos en términos comparativos. Hoy, los procesos de curtidos son vegetales y están regulados. No se usan químicos nocivos, el tratamiento cambió. Es más natural, con plantas que ayudan a mantener el cuero lo más genuino posible.
Al momento de diseñar intentamos hacer algo simple y que sea funcional a la situación económica del país. Somos conscientes de que antes alguien se compraba una zapatilla por gusto, hoy se la compra por necesidad. Entonces tratamos de que les sirva tanto para ir a trabajar como para ir a una fiesta.
Hacemos un laburo a conciencia. Cuando empezamos, lo pensamos como un plus para darle trabajo a nuestra gente. Hoy somos 13 personas trabajando entre familiares y empleados. Todos nos decían que estábamos perdiendo plata, desde nuestros familiares hasta los fabricantes, siempre fuimos conscientes de que no podíamos vender un par de zapatillas a $90.000. Muchos comerciantes nos puteaban, pero nunca entendieron que nosotros aprovechamos nuestra ventaja, trabajar 12 horas en la producción del calzado. También nos forjamos a prueba y error, porque en los inicios, intentamos hacer algo muy de nicho, un híbrido entre zapato y zapatilla. Hacíamos combinaciones raras. Nos costaba venderlas, pero fuimos aprendiendo en el camino, metidos horas y horas en la fábrica, que es un anexo de nuestras casas.
Si tenemos que pensar en algún sueño grande, nos permitimos soñar exportando o con una franquicia en algún momento, aunque muchos de los pequeños sueños se van cumpliendo, como cuando vemos a una persona caminando por la calle con nuestras zapatillas, sentimos orgullo de que alguien nos elija y le de valor al trabajo que hicimos, para nosotros es un sueño cumplido, dicen Julián y Mariano entre gestos de haberlo logrado.
Así que ya saben: “si quieren zapatillas, buenas, bonitas y baratas vengan a vernos” (risas), concluyen.
Instagram: Paradigma Shoes




