Floresta y su mundo
SITIO OFICIAL
Martes 17 de Octubre de 2017

Rincón del Arconauta

 

Floresta y su mundo

Por DANIEL H. BARRAGAN
“Puto el que lee esto”
Cita de la primera página de Usted no lo va a creer y otros cuentos
Roberto Fontanarrosa

Me hallaba embarcado en la ardua tarea de preparar el artículo para la revista, cuando la radio anunció la infausta noticia de la muerte del dibujante y humorista Roberto Fontanarrosa. Al escuchar las sentidas palabras del locutor, un vacío se apoderó de mi mente, impidiéndome continuar con lo que estaba haciendo hasta ese momento. El negro Fontanarrosa se había muerto. A mi cabeza acudieron multitud de recuerdos sobre los momentos en las que este auténtico maestro formó parte de mi vida cotidiana... y me di cuenta que habían sido muchísimos. Sus libros. El recuerdo de los extraños y divertidos aforismo de Echenique (“El perro es perro pero no se da cuenta”). Las Fierro con esos unitarios tan bizarros y sus Semblanzas deportivas. El Clarín con el Inodoro Pereyra y sus chistes de la contratapa. ¡Que lo parió, se murió el Negro! El artículo que estaba escribiendo quedó, de momento, en el cajón de los proyectos futuros, pues no me cabía duda que algo le debía a una persona que había formado parte de mi educación literaria, haciéndome reír o reflexionar con su tan característico y ácido humor. De ahí este sentido recordatorio, que no pretende en lo absoluto ser un exhaustivo estudio, sobre la vida y obra de uno de los grandes puntales de la historieta argentina. Este negro, feo y canalla, nació el 16 de noviembre de 1944 en la insigne ciudad de Rosario (cuna de otros grandes como Alberto Olmedo y Fito Páez) y ya desde muy pequeño demostró su afición por el dibujo. A sus ávidas manos fueron a parar revistas como Rayo Rojo, Puño fuerte, Misterix y, por supuesto, la mítica Hora cero (fundada por Héctor G. Oesterheld, creador de El Eternauta) las cuales copiaría hasta el hartazgo, mientras se dedicaba a la infausta tarea de hacer los deberes. “¡Este chico no va a llegar a nada!”, Probablemente dirían todos aquellos que creían conocerlo. Cuando cumplió los 12 años siguió el curso por correspondencia “12 famosos artistas” de la Escuela Panamericana de Arte, que lo ayudó mucho a encauzar sus energías creativas, Pero el dibujo no fue su única, y más importante, pasión. En 1954, su padre, futbolero de ley y malhablado, lo llevó a ver un partido entre Rosario Central y Tigre. Fue en ese momento en donde comenzó a gestarse el gran amor por el equipo canalla, una pasión que lo caracterizaría a lo largo de su vida y que llegó incluso a formar parte de su trabajo autoral. Luego de abandonar el secundario, pues según sus propias palabras no entendía un pepino, el Negro buscó un trabajo acorde con sus ideas sobre lo que era trabajar. Lamentablemente consiguió empleo en la agencia de publicidad de Roberto Reyna, una labor que lo fastidió desde el vamos. Sus sueños recién se verían cumplidos en 1968, cuando la revista rosarina Boom publicó su primer chiste. En 1971, con Rosario Central campeón argentino (encima triunfando sobre su eterno rival Newells) escribió uno de sus primeros relatos, en la actualidad un clásico, llamado 19 de septiembre de 1971, el cual sería recopilado con otros cuentos en la antología Nada del otro mundo (1988- Editorial De La Flor) Ese mismo año, parodiando a los policías duros y a los agentes secretos de Hollywood, nació uno de sus personajes más exitosos: Boogie, el aceitoso, un duro ex agente de la CIA caracterizado por su trato violento, su machismo y su racismo a ultranza. Esta historieta fue publicada en la revista Tinta y más tarde en la celebre Hortensia, cuna de grandes creadores como Caloi, Brócoli, Crist y el mismísimo Fontanarrosa. Boogie lograría trascender esas páginas, llegando incluso a ser publicada fuera de nuestro país. También en Hortensia comenzaría a dibujar otro de sus famosos personajes, un auténtico icono de la historieta nacional, que sería conocido como Inodoro Pereyra, ¡el renegau! Esta nueva creación, una suerte de parodia entre Martin Fierro y los radioteatros, nos narran las aventuras de un gaucho de extraño nombre (“Pereyra por parte de madre, diría. Inodoro por parte del Tata que era sanitario”) que junto a su fiel perro Mendieta vive sus aventuras en una pampa poblada por Basiliscos, demonios, indios, soldados, loros barranqueros, famosos personajes de la imaginación o de la realidad cotidiana (entre ellos un extraño personaje de características borgianas), la luz mala y la peor de todas sus maldiciones... su compañera La Eulogia. En un principio eran aventuras continuadas de neto corte gauchesco, llenos de mitos y tradicionalidad, para luego transformarse en unitarios en donde por sobre todas las cosas primaron el humor y los temas de actualidad. En 1973 el diario Clarín decide contratar a un amplio plantel de humoristas y dibujantes autóctonos, como Viuti (Teodoro y compañía), Tabaré (Diógenes y el linyera), Altuna (El loco Chávez), Caloi (Clemente) y varios otros, los cuales le imprimieron al matutino toda una nueva personalidad que aun hoy le es característica. Por supuesto a esta corriente renovadora no faltó la veta creadora de Fontanarrosa, que aportó un sinnúmero de chistes que hicieron las delicias de los lectores (es de destacar que muchos de ellos se encuentran recopilados en libros como ¿Quién es Fontanarrosa?, Fontanarrosa y los médicos, El fútbol es sagrado, Fontanarrosa de penal y un largo etcétera) Al año siguiente Inodoro y el Mendieta se trasladaron a la naciente revista Mengano. A medida que fue pasando el tiempo este personaje continuó evolucionando, viéndose transformado en un éxito indiscutido. Ni lerda ni perezosa, Ediciones de La Flor recopiló todo el material publicado en una serie de tomos, una sana costumbre que actualmente ha superado la treintena de números. Humor® (1979), La Maga (1979), Fierro (1984 –con Sperman y sus Semblanzas deportivas-), el suplemento dominical de Clarín... como se habrán dado cuenta resulta una tarea harto difícil el poder describir siquiera una parte de la labor creativa de Roberto Fontanarrosa, pues hablar de su trabajo es mencionar a la mayor parte de las publicaciones que se han realizado en la Argentina. Este multimediático rosarino no se limitó únicamente a la historieta y el humor gráfico ya que también escribió innumerables relatos y novelas, publicadas en su mayoría por Ediciones De la Flor, entre los que se destacan Best seller (1981), El área 18 (1982), El mundo ha vivido equivocado (1982), No sé si he sido claro (1986)La mesa de los galanes (1995), Los trenes matan autos (1997) entre otros. Muchos de sus cuentos y personajes fueron adaptados tanto en el teatro, como en el cine y la televisión (destacándose Los cuentos de Fontanarrosa emitidos por el canal 7) con gran éxito entre el público que amó su obra gráfica. En reconocimiento a todo lo pergeñado por su prolífica imaginación, el querido Fontanarrosa recibió innumerables premios de sus pares, y no tanto, como el Konex en las categorías de artes visuales (1992) y letras (1994 y 2004). El Negro no solo era famoso sinó que era también un gran tipo, amigo de sus amigos y de las reuniones en el famoso bar El Cairo de su ciudad natal, al que se encargó de inmortalizar en muchos de sus relatos. No cabía duda que a Roberto Fontanarrosa le sonreía el éxito y estaba a pocos pasos de convertirse en uno de los grandes referentes que ha dado nuestro país... En el año 2004 se le diagnosticó Esclerosis lateral amiotrófica, una oscura y rara enfermedad neuromuscular que lleva a una progresiva parálisis muscular. A pesar de luchar denodadamente contra las secuelas de esta dolencia, finalmente debió abandonar el dibujo en manos de su amigo Crist, el cual se encargó de adaptar los guiones que Fontanarrosa le fue entregando. En un frío 19 de julio de 2007 Roberto Fontanarrosa, el querido Negro, nos abandonó, así como de repente, dejando un vacío muy difícil de llenar en el corazón de los argentinos. El último gran recuerdo que tengo de su persona fue verlo debatir sobre el uso de las malas palabras, con la genialidad que lo caracterizaba, en el III Congreso internacional de la lengua, realizada en su querida ciudad de Rosario. -“¿Por qué son malas las palabras?- Se preguntaría ante una multitud de asistentes al congreso- ¿Les pegan a las otras? ¿Son malas porque son de mala calidad?... “No es lo mismo decir que una persona es tonta o pelotuda. Tonto puede deberse a una disminución neurológica. Pero el secreto de la palabra pelotudo está en la letra “t”. Mierda también es una palabra irremplazable. Su secreto está en la “r” fuerte... “Pido una amnistía para la mayoría de las malas palabras e integrémosla al lenguaje.” Alberto Olmedo. René Favaloro. Héctor Germán Oesterheld. El padre Mario. Roberto Fontanarrosa. Hay algo en común que los une y es que todos ellos se han ido antes de tiempo, privándonos de la posibilidad de seguir disfrutando todo lo que todavía podían dar de sí. Hay veces que me parece que Dios solo quiere llevarse a los buenos con él... ¡Chagasau Negasegro!... nos vemos muy pronto en ese bar infinito que seguramente se halla en los cielos.

Nota publicada en la Revista Floresta y su Mundo Nº 208 ( agosto de 2007)
Bibliografía consultada:
-Revista Comiqueando
-La historieta argentina: una historia- J. Gociol y D. Rosemberg
-www.wikipedia.org.ar
-www.negrofontanarrosa.com
-Diario Clarín
-Pagina 12

 

 
Floresta y su mundo

 
Floresta y su mundo

Anunciantes

anuncio
anuncio
anuncio mail
Valid XHTML 1.0 Transitional © 2008 Floresta y su Mundo - (+54 11) 4674-6871 - mundofloresta@gmail.com - Diseño: Latir