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Nuestro país se fue conformando geográfica y políticamente como lo conocemos hoy con la organización definitiva del país en 1860. El presidente Derqui, por decreto, unificó su denominación como República Argentina (8 de octubre de 1860, en Paraná, Entre Ríos)
Con las provincias y el gobierno centralizado en Buenos Aires, mal que nos pese, así quedó después de tantas guerras internas entre unitarios y federales.
Como país colonizado siempre estuvo ligado a las influencias foráneas que le dieron origen, y habiendo diezmado a la población originaria, la que sobrevivió, quedó sumida en la más penosa marginalidad. Su cultura floreciente y de alto nivel artístico-al cual dediqué las notas de enero y febrero- se fue perdiendo en la medida que perdieron sus tierras. Aún hoy se esfuerzan por mantener vivas sus costumbres y memorias, ahora con apoyo estatal del nuevo flamante gobierno.
Es una situación que debería preocuparnos a todes no sólo por ser nuestras raíces sino porque esos pueblos hoy viven en condiciones inhumanas y al borde de la extinción.
Cuando hablamos de nuestros primeros pintores argentinos tenemos que tener en cuenta que ellos provenían de las clases pudientes, de la primera burguesía de Buenos Aires, que iban a Europa a formarse.
Prilidiano Pueyrredón, nuestro primer gran maestro en pintura, y León Palliére son dos nombres asociados al imaginario iconográfico argentino. Ambos nacieron en el país pero emigran a Europa. Cuando vuelven hacia 1848 comienzan a desarrollar una pintura acriollada pero con las técnicas y estilos europeos que van del neoclásico al romántico.
León Pálliere, supo reflejar con maestría personajes y escenas de la época.
Las imágenes relatan la vida de nuestros antepasados criollos, sus idas y venidas en carretas y caballos, algunos cargadísimos de cueros y todo tipo de productos artesanales para vender en otras ciudades. Sus esperanzas y expectativas frente al país que estaban construyendo en una época de carencias y luchas sangrientas, en un territorio vasto y con todo por hacer (León Palliére. “Carretas en los suburbios”. 1860). Una pintura que nos muestra cómo fue la provincia de Buenos Aires alguna vez, en la zona que hoy es Morón o Ramos Mejía.
Prilidiano Pueyrredón, hijo único del ex Director Supremo de las Provincias Unidas, se planta como uno de los mejores retratistas del siglo XIX en nuestras pampas. A su vuelta de Europa, hacia 1849, es convocado por Rosas “el Restaurador” para realizar el retrato de su hija Manuelita Rosas. El cuadro que magistralmente realizó, se puede observar en el Museo Nacional de Bellas Artes.
En esta pintura, la hija de Rosas, con vestido largo y rojo, lo que importa no es tanto cómo se ha engalanado y lo que está a la vista, sino aquello que no está dicho y que hay que imaginar. Como por ejemplo qué dirá la carta que le envío su padre y que ella sostiene en su mano derecha; si estaba feliz… ¿Porqué no está sonriente? Podemos sospecharlo, aún enjoyada y rodeada de terciopelos, su largo y resignado silencio aún nos ensordece. Y así muchas inquietudes e interrogantes que plantea la obra de arte.
Diversidad de personajes en la caravana en caballos y carretas de Prilidiano Pueyrredón, pintor que nos lleva al mundo sencillo de la vida de nuestros antepasados criollos.
Los abuelos, desde su rancho, esperan a los viajeros con la comida lista y el fogón encendido. Ellos son anfitriones que ya no van y vienen como los más jóvenes, quienes aún están ligados al trabajo y vislumbran la posibilidad de armar una familia. Por eso, se ve a uno de ellos galanteando a una joven soltera, quien, sentada bajo un gran ombú, prepara unos buenos mates.
Ese ombú, añejo, es testigo de la historia y símbolo de identidad nacional. Pero sus raíces encarnan también la parte femenina de arraigo a la tierra, y es así que el pintor sitúa a la joven sentada allí como esperando al hombre que la vaya a enamorar (“Un alto en el campo” Prilidiano Pueyrredón.1861).
En “Idilio criollo” de León Pálliere (1860), la obra recrea las posibilidades del amor en diversas manifestaciones de la vida y la naturaleza.
La tendencia a anidar, a quedarse en el territorio, son los planteos de ambos pintores.
En “Idilio criollo”, un gaucho imponente ha atado el caballo al borde la nada, y ante la presencia de la moza, pareciera achicarse ante el reclamo de amor. Él, complejamente vestido para el afuera, para la intemperie, contrasta con la paisana de sutil vestido y pies al desnudo. Con su mano apoyada en el borde de la puerta del rancho es toda una invitación al penetrar el espacio íntimo de lo femenino , que aquí se muestra protector y al menos provisoriamente impide partir.
El tratamiento realista de las pinturas nos muestra una historia universal que se puede dar en cualquier lugar del mundo, un relato concreto del ciclo de la vida humana. Pero el color local y la temática nos hablan ya de una pintura netamente argentina.

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(*) MARÍA CLAUDIA MARTÍNEZ, artísta plástica, docente. Autora de la escultura homenaje a Los Pibes de Floresta en la Plaza del Corralón de Gaona y Gualeguaychú. Tiene su taller en Felipe Vallese 3860. Floresta

Para vistarlo combinar al Cel. 15-5425-0264.

Más info en https://www.algosobrearte.com.ar/mariacmartinez/index.html

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® florestaysumundo.com.ar - Abril 2020 / La Revista Floresta en la Web